Alcaldes de Guerrero, el eslabón más débil ante crimen organizado
Hildeberto Salinas Mariche, alcalde de Cuajinicuilapa, en la Costa Chica de Guerrero, primero abandonó el municipio y el pasado 29 de octubre, a un mes de haber rendido protesta como edil, solicitó licencia para separarse del cargo.
Su razón, el acoso del crimen organizado. El 12 de octubre, en pleno centro de Cuajinicuilapa mataron a un dirigente transportista y a su hijo. Al día siguiente, hombres armados quemaron el vehículo del tesorero del Ayuntamiento, Roberto Avelino, y ese mismo día atacaron varias viviendas y dejaron dos cadáveres desmembrados en la carretera federal Acapulco-Pinotepa Nacional.
Junto con el alcalde, la síndica Estephani Oliva Zárate también pidió licencia.
La alcaldesa del municipio vecino de San Nicolás, Tarsila Molina Guzmán, también huyó debido a la violencia e inseguridad. Los tres llegaron a los cargos como candidatos del Partido Verde Ecologista de México.
Los alcaldes en Guerrero son el eslabón más débil, los más vulnerables a la influencia de las organizaciones criminales.
El 24 de octubre, en pleno centro de Huamuxtitlán fue privado de su libertad el exalcalde morenista Aurelio Méndez Rosales y su chofer, cuando regresaban de supervisar en comunidades la construcción de los caminos artesanales.
Méndez Rosales y su chofer fueron hallados al día siguiente dentro de su camioneta, ambos asesinados a balazos. El exalcalde había dejado el cargo apenas el 29 de septiembre, no tenía ni un mes.
Estos hechos ocurrieron cuando Guerrero aún no salía del asombro por el brutal asesinato del alcalde de Chilpancingo, el perredista Alejandro Arcos Catalán.
MUNÍCIPES EN LA MIRA
A Arcos Catalán no le permitieron gobernar Chilpancingo. Aún no comenzaba su gestión y ya habían asesinado a quien sería el secretario de Seguridad Pública, el capitán del Ejército Ulises Hernández Martínez. Tenía tres días en el cargo cuando acribillaron por la espalda al secretario general del Ayuntamiento, Francisco Tapia Gutierréz.
Arcos Catalán, en el cargo hasta el 6 de octubre, día en que fue hallado muerto, encarna la brutalidad ejercida contra un alcalde en Guerrero. La forma en que fue asesinado y exhibido no tiene precedente.
Sin embargo, no ha sido el único. En lo que va de 2024, tres alcaldes —dos en funciones y uno electo— fueron asesinados.
FACTOR DE DESESTABILIZACIÓN
En los últimos tres años, los alcaldes fueron un factor principal para desestabilizar ciudades completas. Fue un periodo donde se hizo más evidente la complicidad de las autoridades locales con las organizaciones criminales.
En octubre de 2022, en una masacre fue asesinado el alcalde de San Miguel Totolapan, en la Tierra Caliente, eran las dos de la tarde. En el ataque murieron otras 18 personas, entre funcionarios y policías municipales y civiles.
Meses después, en 2023, salieron a la luz las reuniones que la entonces alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández, sostenía con el presunto líder del grupo criminal Los Ardillos, Celso Ortega Jiménez, con quien, se advierte, se reunió en al menos una ocasión.
A la fecha no se sabe si la fiscalía local o federal la investiga. Lo que sí pasó fue que la ciudad sufrió una de sus peores crisis de violencia durante su gobierno.
